La guerra es un conflicto armado entre países o grupos dentro de una misma nación. A lo largo de la historia, el poder, la religión, la economía o el territorio han sido las causas principales que la han provocado. Lo que nunca cambia son las graves consecuencias que deja en la sociedad.
En primer lugar, las consecuencias sociales y humanas son muy fuertes. Muchas personas mueren o resultan heridas, otras deben abandonar sus hogares y familias; se destruyen comunidades enteras, se crean sentimientos de odio y temor que dañan toda la vida.
Los desastres económicos también afectan a todo el país. Las ciudades y los campos quedan destruidos, la pobreza aumenta, la falta de alimentos se hace más grande y el comercio se detiene.
Las consecuencias políticas e internacionales cambian la vida de los países que han sido parte del conflicto. Los territorios se ocupan, cambian de dueño, se imponen nuevas leyes y gobiernos. Además, surgen tensiones entre países vecinos que pueden durar muchos años.
Los sufrimientos morales y psicológicos también son muy difíciles de superar. La guerra deja en la sociedad el miedo, la tristeza y el dolor por la pérdida de familiares y amigos.
La guerra no solo destruye ciudades y ejércitos, también rompe lo más valioso de la humanidad: la libertad y la fraternidad. Si los hombres recordaran el sufrimiento que causan las guerras, se esforzarían más en evitarlas. Solo la paz puede traer la verdadera riqueza y el desarrollo de los pueblos para las próximas generaciones.