
A lo largo de la historia son muchos los países que han luchado por obtener su independencia, y Colombia, ciertamente, no es la excepción a esto. El patriotismo de la época, y el sentimiento de pertenencia con respecto a la nación, fue lo que llevó al pueblo colombiano, a denunciar los factores determinantes que dieron lugar a la inconformidad del momento; dispuestos a lograr su emancipación consiguieron su tan anhelada libertad.
Pero sin duda este proceso, no pudo realizarse en su totalidad, sin la ayuda de su país vecino, Venezuela.
Por esta razón, el Bicentenario, no solo es una gran oportunidad, para conmemorar la Independencia de este bello país sino también, para recordar y tener presente, de qué manera, alguna vez, fueron nuestros hermanos venezolanos, los que nos brindaron apoyo en tiempos difíciles; una situación que resulta remotamente irónica, ante las circunstancias actuales a las que hoy en día se enfrentan, y en las que el pueblo colombiano, voluntaria o involuntariamente se ve involucrado al desarrollar un importante papel.
No obstante, frente a la situación migratoria de miles de venezolanos, se puede apreciar, que gran parte de la población colombiana, movida por el sentimiento fraternal existente entre ambas naciones, ha presentado, en la mayoría de los casos, muestras de comprensión, apoyo y empatía hacia aquellos que, en antaño contribuyeron hasta con su vida al proceso independentista de este país. De por sí la historia nos une, y juntos hace doscientos años, supimos superar las diferencias que hoy por hoy nos separan e impiden avanzar como sociedad.
Sin embargo, no todo es tan ideal, no todos tienen conciencia de los acontecimientos que enmarcan la historia, y es por eso, que con el actuar de unos pocos, Colombia olvida el trabajo en conjunto llevado a cabo en la campaña libertadora y omite el hecho, de que le debe agradecer en parte, su liberación de España a unos venezolanos valientes que pelearon al mando de su compatriota. Porque, los que ayer nos liberaron del yugo colonial, hoy deambulan por las calles y atraviesan trochas y carreteras colombianas huyendo de un destino indigno, abriéndose camino a pesar de la xenofobia diaria que expresan, sin pudor, algunos colombianos; porque tristemente es así, existe una minoría, que con gestos de odio e intolerancia se ha encargado de denigrar al otro, de emitir prejuicios y de generalizar de forma radical acusaciones que aplican únicamente a casos particulares, logrando dar lugar a la discriminación. Aunque sin duda, es relevante tener un correctivo fronterizo, que restrinja la entrada de ciertas personas al país, en son de evitar toda clase de incidentes y acciones delictivas evidenciadas en medio de tanta necesidad.
Por eso, teniendo en cuenta lo anterior, considero pertinente, hacer un llamado de atención a ambas poblaciones, porque definitivamente, ¿qué hacemos con destruirnos unos a otros? y ¿qué logramos con señalar y echarle la culpa al que está al lado?; constantemente nos quejamos de la sociedad en la que vivimos, pero ¿realmente hacemos algo por mejorar?, nos gusta estar cómodos y somos incapaces de salir de nuestra zona de confort; si de verdad nos preocupara el país no estaríamos compitiendo con el hermano, sino por el contrario, estaríamos trabajando estratégicamente de manera inteligente, sabiendo aprovechar el conocimiento y capacitación de aquellos que poseen perspectivas nuevas y diferentes, para lograr nuestro objetivo actual, ser el cambio que queremos ver, porque aunque suene cliché, al final del día sabemos con certeza que en la unión esta la fuerza.