
Colombia nace en la violencia. Desde los albores de la Nueva Granada, nuestro territorio se ha caracterizado por un encuentro de culturas las cuales fueron agrupadas bajo un mismo ente territorial impuesto por el gobierno peninsular.
Miles de nativos perdieron sus territorios, sus saberes y sus costumbres; y los pocos vestigios que quedan están aglutinados en la pobreza y en espacios muy reducidos (los mal llamados “resguardos”). Desde este momento Colombia a estado en deuda. Como bien dice Rousseau “Un hombre hecho esclavo en la guerra o un pueblo conquistado,sólo está obligado a obedecer a su señor mientras que pueda precisarle a ello a la fuerza (…) Lejos pues de haber adquirido alguna autoridad unida a la fuerza, el estado de guerra subsiste entre los dos como antes, la relación misma entre estos dos es un efecto de este estado.”
Precisamente este estado de guerra ha subsistido hasta nuestros días: Es pues pertinente analizar cómo a partir de las gestas de 1819, las fracturas en Colombia se han intensificado a tal manera que prácticamente hemos estado saltando de un conflicto a otro, como en un devenir hegeliano.
La gesta libertadora en sí es un efecto de estas fracturas. La clase alta criolla consigue hacerse con el control total del territorio, maximizando así sus ganancias en las minas y plantaciones. Sin embargo el pueblo del común no se vio muy beneficiado de esto. Simplemente todos adquieren el mismo “estatus” de ciudadanos. Después las luchas civiles se desarrollaron desde una manera más pacífica hasta que se da un hecho clave en la historia nacional: la guerra de los mil días. Esta supone uno de los enfrentamientos armados más significativos entre los dos bandos que derramaran las mayoría de la sangre en las primera mitad del siglo XX: Liberales y conservadores. Y a todo esto se le suma la separación de panamá, consecuencia de las fracturas en la unidad territorial y el retrógrado centralismo cachaco.
Así prosigue nuestra historia. Con sus caudillos como Uribe y líderes del pueblo como Gaitán. Se desata el caos en Santa Fe dando inicio al periodo “formal” de la violencia en Colombia. Después el pueblo se reveló en contra de sus dirigentes. Ahora es la base la que se alza en armas y se crean diferentes grupos como las FARC y el M 19, los cuales concentraron su lucha en derrocar el statu quo. Vendrá el cáncer de la cocaína, que hasta hoy contamina al extramuro nacional, y el crimen organizado que, entre otras cosas, obedece a los intereses de los más poderosos. Así es como vivimos hoy, en constante guerra, y donde un muerto puede representar tanto el dolor de una familia, como una falsa estrella militar.
Si, algo ha mejorado en esta tierra; ahora la gran mayoría tenemos luz, agua, y un mínimo de derechos; pero Colombia necesita reconciliarse.
Los caudillos deben aceptar que son del populismo de siempre. Los poderosos reconocer que se comportan como jeques bananeros. Los políticos, que parece que tuvieran máster en demagogia. No todos hemos sufrido la violencia, pero si está en todos superar esta deuda histórica con nuestro territorio, y poder trazarnos una meta: 200 años de guerra, pero un porvenir en paz.
Bibliografía:
1.https://books.google.com.co/books/about/El_contrato_social_%C3%B3_sea_principios_del.html?id=xeKxlAgnlj0C&printsec=frontcover&source=kp_read_button&redir_esc=y#v=onepage&q&f=false